La búsqueda de la verdad y el conocimiento han sido un anhelo de toda la humanidad y así también se ve reflejado en sus dioses y heroes, los que en todas las culturas realizan grandes viajes y sacrificios en pos de ella.
En la mitología nórdica, se cuenta que el padre de los dioses, Odín sumido en esta búsqueda se cuelga del gran árbol del mundo (Yggdrasil) por nueve días y se entrega en sacrificio a si mismo, clavándose su propia lanza en el costado, al cabo de estos nueve días, tiene una visión en que cae a las profundidades de su propio ser y ve las runas, las toma y en un grito de victoria vuelve con el poder propio de las runas.
El mito nos habla de la actitud ante la búsqueda del conocimiento, se cuelga, indicando cambiar su visión del mundo, detener su andar habitual, quedando suspendido (cual el arcano XII del Tarot, el colgado) por ende, imposibilitado de moverse, inicia un viaje interno, su posición invertida, le hace romper con las estructuras mentales cotidianas, que de nada le sirven en este proceso. Luego se sacrifica a si mismo (sacrificio, que viene del latín sacrum facere, acto sagrado) con lo cual, reconociendo su propia divinidad busca en ella la verdad (así mismo, cada uno de nosotros posee una divinidad interna donde mora la sabiduría), allí colgado como acto sagrado, se sumerge en las profundidades de su inconsciente, el el cual encuentra sus símbolos internos (arquetipos) los cuales trae a flote al retornar al mundo cotidiano mientras da un grito (vibración, ya que las runas poseen además de una forma, un sonido).
Odín es la sabiduría dentro de cada uno de nosotros, alcanzable mediante el sacrificio, es decir, la sacralización de nuestro ser, el reconocimiento de nuestra naturaleza esencialmente divina que se expresa a través de un cuerpo, emociones y mente.
En la mitología nórdica, se cuenta que el padre de los dioses, Odín sumido en esta búsqueda se cuelga del gran árbol del mundo (Yggdrasil) por nueve días y se entrega en sacrificio a si mismo, clavándose su propia lanza en el costado, al cabo de estos nueve días, tiene una visión en que cae a las profundidades de su propio ser y ve las runas, las toma y en un grito de victoria vuelve con el poder propio de las runas.
El mito nos habla de la actitud ante la búsqueda del conocimiento, se cuelga, indicando cambiar su visión del mundo, detener su andar habitual, quedando suspendido (cual el arcano XII del Tarot, el colgado) por ende, imposibilitado de moverse, inicia un viaje interno, su posición invertida, le hace romper con las estructuras mentales cotidianas, que de nada le sirven en este proceso. Luego se sacrifica a si mismo (sacrificio, que viene del latín sacrum facere, acto sagrado) con lo cual, reconociendo su propia divinidad busca en ella la verdad (así mismo, cada uno de nosotros posee una divinidad interna donde mora la sabiduría), allí colgado como acto sagrado, se sumerge en las profundidades de su inconsciente, el el cual encuentra sus símbolos internos (arquetipos) los cuales trae a flote al retornar al mundo cotidiano mientras da un grito (vibración, ya que las runas poseen además de una forma, un sonido).
Odín es la sabiduría dentro de cada uno de nosotros, alcanzable mediante el sacrificio, es decir, la sacralización de nuestro ser, el reconocimiento de nuestra naturaleza esencialmente divina que se expresa a través de un cuerpo, emociones y mente.
